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Es muy curioso ver cómo en este hobby una pequeña acción puede llegar a provocar sensaciones muy fuertes.Tanto buenas como malas.

Aquellos milímetros de resina que desaparecieron bajo mi lija implacable provocaron en mi un gran sentimiento de culpa que me ha perseguido durante cuatro años cada vez que miraba a mi muñeca.
Ayer, cuando finalmente la hube montado, vestido y colocado el pelo, no solo me sentí en paz con ella. También sentí que finalmente Kizuisen había llegado, que nunca había sido ella totalmente. Algo parecido a reencontrarse con un viejo amigo al que hacía mucho que no veías.
Al fin podré disfrutar de ella totalmente.

Para celebrar el fin de este bucle de auto-culpabilidad y visiones de venta, he sacado a Kizuisen al balcón y le he hecho algunas fotos. Aunque no son gran cosa, he disfrutado haciéndolas y mirándolas.

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Podéis ver el resto en mi Flickr.

Espero que os haya gustado esta curiosa historia con final feliz :)