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Hacía mucho (demasiado) que no actualizaba. No tengo nada nuevo que contar, y me cuesta bastante escribir por escribir o hacer alguna foto nueva con la fuente de creatividad más que seca en estos tiempos.

A pesar de todo, aprovecho la más mínima oportunidad para pasarme por aquí, ni que sea una tontería como lo que me pasó hace unos días, y que no he contado antes por falta de luz decente (no me gusta publicar sin foto).

Que me gustan las muñecas no es nada nuevo para los que me habéis ido leyendo. Supongo que el que me gusten los peluches tampoco os pillará por sorpresa, jaja.

Iba por la calle una noche, volviendo a casa, cuando, al ir a cruzar por el paso de peatones, en plena carretera, me encontré un bichillo de peluche. Me agaché, lo metí en la bolsa que llevaba, y se vino a casa. Cuando lo fui a lavar y miré la etiqueta, no era más que uno de esos peluches que regalan con los Happy Meal, pero aún así se ha quedado en casa. Y bueno… tener esos peluches se agradece mucho a la hora de hacer fotos a “las peques” :)

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Y el protagonista de la historia, en brazos de Ikuko:

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Ya lo veis, excusa barata para actualizar.