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El otro día me puse a chafardear las pelucas que tengo por casa, y encontré una a la que nunca le llegué a dar uso. La compré para Demiana hace la tira de tiempo, es una peluca de peluche de varios tonos que pintaba muy bien en las fotos oficiales. Cuando me llegó a casa… “gatomuerto”, pensé. Y además ni siquiera le cabía.

Pues como es tan fea que ni merece la pena venderla, le metí tijera. La verdad es que quizás en algún muñeco pueda llegar a quedar bien, pero en mi caso casi todo lo que tengo son chicas y no le pega a ninguna. Pero antes de meterla en la caja, cogí al único que podría llegar a usarla (remotamente) para que hiciera de conejillo de indias:

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Siempre ha sido un crío de mirada hosca… pero ahora directamente le veo cara de cabreo. Quién sabe, lo mismo mañana amanezco con la cabeza rapada… ¡chan chan!

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