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Cuando vi por primera vez a Kizuisen, pensé en un limón. Bueno, y en un móvil, esos adornos con cosas que cuelgan de hilos y van girando. Para solucionar el problema del amarilleo tan bestia que sufría (sigo creyendo que le fumaban en la cara o se la llevaban a la playa a tomar el sol) decidí lijarla. Y metí la pata, hasta el fondo.

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Me acostumbré a su modificación involuntaria, pero cada vez que la miro de perfil, se me llevan los demonios. La dejé casi sin labios, parece que esté imitando a Palomino, y lo peor es que no le veo solución alguna. Siempre podría malvender ésta y comprar una nueva, pero no todos los días puedes conseguir una joya de más de 10 años. Y yo voy y la destruyo.

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Y tras cogerla y mirarla fijamente durante 2 minutos, se me ha pasado la tontería, jaja! No es la primera vez que me pasa, supongo que nunca me perdonaré el haberla modificado.